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Sufre Estres tu Perro?

Problemas de salud, ansiedad, y problemas de comportamiento

Hoy en día, muchos de nuestros animales de compañía están sometidos a factores estresantes. Si bien hay animales que están totalmente adaptados a la vida doméstica, hay otros, que por su carácter, o por no haber tenido un periodo de socialización adecuado, sufren a menudo estrés.

El estrés prolongado, puede derivar en problemas de salud, ansiedad, y problemas de comportamiento que a menudo dificultan la convivencia y el desarrollo de las actividades normales con el animal.

Hay una serie de situaciones que comúnmente estresan a la mayoría de nuestras mascotas, entre las que podemos destacar:

Visitas al veterinario

Viajes

Ruidos fuertes tales como tormentas o explosiones

Personas desconocidas

Cambios en casa

Otros animales

Las mascotas que se ven desbordadas por estas situaciones pueden desarrollar comportamientos no deseados tales como: ansiedad por separación, agresividad, destrucción de mobiliario y partes de la casa, ladridos excesivos, nerviosismo y jadeo, etc.

Para solucionar estos problemas, existen numerosas pautas de comportamiento que pueden ayudar a nuestros amigos. Aun así, hay ocasiones en las que esto no es suficiente y hay que recurrir a algún suplemento.

Mi perro me muerde

Mi perro me muerde

Cuando un perro muerde, es normal que nos preocupemos

Cuando un perro muerde, es normal que nos preocupemos, pero debemos entender, en primer lugar, que se trata de un comportamiento que puede ser natural en muchas circunstancias más o menos extremas, y normalmente poco habituales. Hasta el perro más dócil y cariñoso puede mordernos si lo asustamos, si experimenta un dolor intenso y repentino, si sufre de ansiedad u otros motivos similares (enfermedades, traumas, etc.).

En circunstancias normales,  un perro equilibrado en ningún caso debería morder ni a las personas con las que convive ni a otros perros o animales a los que esté acostumbrado. Lo decimos de forma tan rotunda porque los perros, como ya sabemos, son animales muy sociales, y entre los muchos comportamientos que pronto aprenden de su madre y sus hermanos está el que se denomina, precisamente, inhibición de la mordida.

Es decir, todos los perros aprenden que morder es un comportamiento inaceptable, que es incorrecto y puede acarrearles un castigo.

¿Cómo sucede este proceso de aprendizaje? En primer lugar, no está en la naturaleza de los perros el mostrarse irracionalmente agresivos hacia los seres, animales o humanos, con los que se relacionan en su día a día. No son animales solitarios, todo lo contrario, y entender cuándo es aceptable hacer daño y cuándo no forma parte de la vida en sociedad. Por esa razón, hay expertos que dicen que la inhibición de la mordida es un comportamiento innato.

Sea como sea, innato o adquirido, es un comportamiento que pronto se ve reforzado cuando el perro crece con su madre y sus hermanos. En cuanto el perro desarrolla los dientes, siente el reflejo de morder, pero viviendo en manada pronto descubre que hacerlo trae consecuencias negativas: sus hermanos y su madre protestan al ser mordidos, le gruñen y dejan de jugar con él. Rápidamente, como ya decíamos, el perro comprende que morder no es buena idea.

Pero sucede que, en muchas ocasiones, el perro pasa a formar parte de una familia antes de tenga totalmente claro que no debe morder. Incluso puede que se trate de un perro recién nacido. En esos casos, es nuestra labor enseñar al perro a no morder

¿Cómo educar a un perro para que no muerda?

Enseñar a un perro a dejar de morder es muy importante para que pueda relacionarse con nosotros y otros animales sin hacer daño. El perro tiene que entender que no debe morder, en general, y que si utiliza la boca al jugar –algo que hará constantemente, y que no tiene por qué ser malo-, debe controlar su fuerza

Para enseñar a un perro a no morder, la clave es jugar con él y mostrarle con claridad cuáles son los límites que no debe sobrepasar. Podemos seguir los siguientes pasos:

1. Iniciar el juego en un momento en el que el perro esté calmado. Si empezamos a jugar cuando esté ya excitado, el perro no estará preparado para aprender algo nuevo, por lo que no nos entenderá y nos frustraremos. Tampoco debemos iniciar el juego cuando el perro esté durmiendo: siempre debemos respetar su descanso. Lo ideal es un momento en el que el perro esté lúcido y tranquilo.

Jugaremos con nuestras manos, ofreciéndoselas y retirándolas, retándole a atraparlas. El perro intentará cogerlas con la boca, y cuando consideremos que lo ha hecho con demasiada fuerza, debemos fingir que nos ha hecho daño: exclamaremos “¡Ay!” o “¡No!”, sin asustarlo, pero con claridad. Cuando se relaje, retomaremos el juego.

Este ejercicio debe realizarse unas tres veces al día, aproximadamente, durante no más de quince minutos cada una. Si lo repetimos demasiadas veces, el perro terminará perdiendo la concentración y cometerá errores.

2. Dejarle solo un breve espacio de tiempo después de la mordida. Podemos combinar esta práctica con el grito que hemos mencionado en el anterior punto, o recurrir a ella solo cuando el perro nos muerda con especial fuerza. Después del mordisco, automáticamente interrumpiremos el juego y dejaremos de prestar atención al perro durante 15 o 20 segundos. Si el perro nos vuelve a morder, nos iremos de la habitación durante varios minutos.

3. Ofrecerle alternativas para morder. Enseñar al perro a no morder es más sencillo si le ofrecemos alternativas, como juguetes para morder. Así, mientras aprende, el perro podrá descargar las ganas de morder, y entenderá además que hay cosas que sí puede morder. El objetivo es que el perro sea delicado con nosotros y otras personas y animales, pero que muerda libremente sus juguetes.

Perro con diarrea

¿Cuáles son las causas de la diarrea en los perros?

Cuando un perro tiene diarrea, sus deposiciones no son sólidas, sino más o menos líquidas y sin forma definida. Con frecuencia, un perro con diarrea defeca más a menudo de lo habitual, y en grandes cantidades.

Es posible, además, que las heces líquidas vengan acompañadas de flatulencias, arcadas, vómitos y síntomas adicionales como la fiebre. Según cuál sea el problema que haya causado la diarrea, el perro puede también mostrarse alicaído y aletargado.

La diarrea de un perro puede ser causada por:

Alergia o intolerancia a algún alimento.

Ingesta de comida en mal estado.

Alteraciones bruscas de la dieta del animal.

Parásitos intestinales: nematópodos, tricocéfalos, triquinas… la lista es muy amplia.

Enfermedad intestinal.

Efecto secundario de algún medicamento o toxina.

Problemas puntuales como, por ejemplo, sobrealimentación, comer con mucha rapidez, situaciones de especial ansiedad, deshidratación, etc.

En circunstancias normales, la comida tarda unas ocho horas en atravesar el intestino delgado del perro. Durante ese tiempo, el cuerpo del animal absorbe los nutrientes y líquidos de la comida y deja únicamente los desechos, que salen en forma de heces sólidas y bien formadas.

Cuando el perro tiene diarrea, el tránsito a través del intestino delgado es mucho más rápido o no se realiza de manera adecuada. El cuerpo no puede o no tiene tiempo de absorber el líquido de los alimentos ni de formar las heces, por lo que los excrementos salen en estado semilíquido, sin forma definida, y, en ocasiones, con olores extraños o demasiado fuertes, sangre y otras anomalías.

Para identificar el problema que le está causando diarrea a nuestro perro, entender si es o no grave y ayudar al veterinario a realizar su diagnóstico, antes debemos saber que existen diferentes tipos de diarrea, divididos en dos grupos: aguda o crónica, en primer lugar, y del intestino grueso o del intestino delgado, en segundo.

La diarrea aguda es la que aparece de forma súbita y tiene una duración de menos de tres semanas. Si, en cambio, la diarrea dura más de tres semanas, pasará a considerarse crónica, incluso aunque haya habido períodos de normalidad intercalados con fases de diarrea.

La diarrea del intestino delgado suele implicar deposiciones líquidas y abundantes, pero sin cambios drásticos en el patrón de defecación del perro o su urgencia por hacer sus necesidades. En la diarrea del intestino grueso, en cambio, las heces suelen incluir sangre, en mayor o menor cantidad, y el perro defeca con frecuencia y sin control.