Perro con diarrea

¿Cuáles son las causas de la diarrea en los perros?

Cuando un perro tiene diarrea, sus deposiciones no son sólidas, sino más o menos líquidas y sin forma definida. Con frecuencia, un perro con diarrea defeca más a menudo de lo habitual, y en grandes cantidades.

Es posible, además, que las heces líquidas vengan acompañadas de flatulencias, arcadas, vómitos y síntomas adicionales como la fiebre. Según cuál sea el problema que haya causado la diarrea, el perro puede también mostrarse alicaído y aletargado.

La diarrea de un perro puede ser causada por:

Alergia o intolerancia a algún alimento.

Ingesta de comida en mal estado.

Alteraciones bruscas de la dieta del animal.

Parásitos intestinales: nematópodos, tricocéfalos, triquinas… la lista es muy amplia.

Enfermedad intestinal.

Efecto secundario de algún medicamento o toxina.

Problemas puntuales como, por ejemplo, sobrealimentación, comer con mucha rapidez, situaciones de especial ansiedad, deshidratación, etc.

En circunstancias normales, la comida tarda unas ocho horas en atravesar el intestino delgado del perro. Durante ese tiempo, el cuerpo del animal absorbe los nutrientes y líquidos de la comida y deja únicamente los desechos, que salen en forma de heces sólidas y bien formadas.

Cuando el perro tiene diarrea, el tránsito a través del intestino delgado es mucho más rápido o no se realiza de manera adecuada. El cuerpo no puede o no tiene tiempo de absorber el líquido de los alimentos ni de formar las heces, por lo que los excrementos salen en estado semilíquido, sin forma definida, y, en ocasiones, con olores extraños o demasiado fuertes, sangre y otras anomalías.

Para identificar el problema que le está causando diarrea a nuestro perro, entender si es o no grave y ayudar al veterinario a realizar su diagnóstico, antes debemos saber que existen diferentes tipos de diarrea, divididos en dos grupos: aguda o crónica, en primer lugar, y del intestino grueso o del intestino delgado, en segundo.

La diarrea aguda es la que aparece de forma súbita y tiene una duración de menos de tres semanas. Si, en cambio, la diarrea dura más de tres semanas, pasará a considerarse crónica, incluso aunque haya habido períodos de normalidad intercalados con fases de diarrea.

La diarrea del intestino delgado suele implicar deposiciones líquidas y abundantes, pero sin cambios drásticos en el patrón de defecación del perro o su urgencia por hacer sus necesidades. En la diarrea del intestino grueso, en cambio, las heces suelen incluir sangre, en mayor o menor cantidad, y el perro defeca con frecuencia y sin control.

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